Tipología Patológica I

Febril, errático,

Me desvío con la mirada cansada,

Los párpados pesados

En oclusión del gravital pestañeo.

He adoptado estás fobias

Que me describen frágil;

Y busco ocultar en otros

Mi fatiga incesante,

Que aun dormido se fermenta y precipita

Donde reverberan las heridas que creí secas.

J.H.E. – 2019

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Desayunos

Despierto y el matinée de tibia piel

Me escribe en braile,

De vasos dilatados,

Crisálidas deslumbradas.

Hoy se celebran homenajes,

De efemérides sin calendarizar,

Efímeros trastornos de sueño;

El eco endulzado de besos,

Que retumban sobre el paladar.

J.H.E – 2019

Combustión.

Dentro de las mismas deficiencias que conducen al ser,
Ser lo que es;
Suele haber un elemento dislocado, que aparenta extravío
Al contexto donde se le involucra,
Al centro de un alma penitente, a un pío aniquilado.
Consumiste mis adentros en violenta combustión,
Cómo un momento pausado antes del accidente,
Me desmorono inconcluso, incompetente,
Y es está claridad, mi contrastante agonía,
Que sabiéndome muerto
Decido aún aquí, ofrecerte mi vida.


J.H.E. – 2019




Culpa.

Se convirtió poco a poco en una versión de si misma que no reconocía al observar el reflejo, se entregó gratificada y consiguió su rareza en retribución. La recuerdo sentada sobre el acueducto que adornaba la calle, y pienso en ella, la imagino disuelta y fluyendo sobre las piedras, arrastrada por la inercia y la gravedad, inocuos por propia existencia. Hoy, los labios se hincharon de promesas, de palabras bien gestadas que disfrazan cancerosas. Se entregó en sus carencias y virtudes, fue colmada y al igual afrontó largos estiajes, que la hicieron creer perpetua. Sin embargo; más allá del brío y el ímpetu que se definen efímeros, fue el súbito desenlace, donde las heridas no cicatrizaron, que la llevó a desvanecerse en la porosa cantera, unida con magro mortero. Cómo se une artificialmente un ser a otro.

Se busca constante, en los calcáreos poros.

J.H.E. – 2019

Decoraciones. (Proceso)

Fue una tarde de Diciembre, habían estas ((eeehm)), pequeñas luces, decorando el empedrado de Alcalá. Tu y yo bajábamos en busca de algo que comer, y… y no recuerdo bien, qué habíamos pensado para eso, sólo recuerdo que vagamos un tiempo de tienda en tienda, te probaste sombreros y algunos lentes de sol, “Te ves radiante” dije, o creo haberlo dicho, espero haberlo hecho, porque te recuerdo así, brillante y cegadora. Continuamos nuestro camino calle abajo, la noche prematura, lo suficiente para dejar un rasguño de sol en el cielo mientras se inundaba al oriente con un velo oscuro, lo recuerdo bien, cómo recuerdo el frío deslizándose entre mi ropa. Prendiste un cigarrillo (aún odio el olor a tabaco) y mezclabas el humo con el condensado alivio de tu aliento. Todo fue memorable, a excepción de la cena, que no logro recordar, tal vez porque no saciaba el hambre que en aquel entonces me asediaba.
Aún, aún después de todo esto, todo mi balbuceo, de los no nacidos versos, de la linealidad incompletable,  de mis delirios y mis inseguridades, conseguí aferrarme a un vestigio de ti, una reminiscencia mía, que logré ocultar entre tus propias falanges existenciales. Yo no fui ni seré, la permanencia ni la sensación de bienestar en tú vida, aquel día, un día normal, otro más de una lista repetitiva, lo hubiera sido, incluso lo hubiera olvidado, hoy quiero hacerlo, necesito desvanecer esa fecha, por el terrible miedo que me provoca, que otro día más, sin nada en especial, haya significado el final.
(…)

J.H.E. – 2019